Todavía siento tus labios en los míos,
todavía siento tus manos entre mi cabello,
todavía siento tu perfume en mi cuerpo,
todavía siento estar contigo, a tu lado.
No puedo dejar de pensarte,
no puedo dejar de sentirte,
no debo dejar de abrazarte,
no debo dejarte escapar.
No debo dejarte ir,
porque de ti mi ser depende,
porque de ti necesitado estoy,
porque a ti mi corazón obedece,
porque a ti, a ti, mi alma pertenece.
HAY ALGO MÁS DULCE QUE VOS?…
martes, 14 de abril de 2009
domingo, 12 de abril de 2009
Horas
Ingratas son las horas de espera,
penoso el lento andar rutinario del tiempo,
angustiosos pasan los segundos,
mirando el reloj, esperando.
En espera de una mirada,
tierna, cálida y seductora.
En espera de una caricia,
suave, dulce y tranquilizadora.
En espera de un abrazo,
acogedor, donde mi alma descanse.
En espera de un beso,
donde el calor de tus ardientes llamas,
funda nuestras almas en una sola,
en espera de un beso, un dulce beso,
restaurador, único, cálido,
hermoso y unificador.
Ingratas son las horas de espera,
dolorosas las plegarias que elevo,
penoso el caminar, dando tumbos,
con tropiezos,
en la busca de mi felicidad,
en la busca de ti,
de rodillas, suplicantes, de rodillas humillantes,
te ruego solo una mirada,
una mirada de tierno amor sobre mi.
penoso el lento andar rutinario del tiempo,
angustiosos pasan los segundos,
mirando el reloj, esperando.
En espera de una mirada,
tierna, cálida y seductora.
En espera de una caricia,
suave, dulce y tranquilizadora.
En espera de un abrazo,
acogedor, donde mi alma descanse.
En espera de un beso,
donde el calor de tus ardientes llamas,
funda nuestras almas en una sola,
en espera de un beso, un dulce beso,
restaurador, único, cálido,
hermoso y unificador.
Ingratas son las horas de espera,
dolorosas las plegarias que elevo,
penoso el caminar, dando tumbos,
con tropiezos,
en la busca de mi felicidad,
en la busca de ti,
de rodillas, suplicantes, de rodillas humillantes,
te ruego solo una mirada,
una mirada de tierno amor sobre mi.
Delirios 1
Mujer, ente místico,
naturaleza llena de misterio,
mar de salvaje oleaje,
luna, nueva, menguante y llena.
Tus ojos, estrellas que purifican mi alma,
tu voz, música suave y melodiosa,
tu cuerpo, tus muslos,
volcán ardiente de pasiones.
La imagen, los dos desnudos, abrazados,
tu y yo fundidos en un solo ser,
ardiendo entre las llamas del placer,
presos en una tormenta de pasión.
Ahora estas dormida, relajada,
mar en calma y cielo estrellado,
te miro, te beso, te venero,
hermosa musa de mis delirios,
oda a la naturaleza, tu belleza.
Mujer, mística y misteriosa.
naturaleza llena de misterio,
mar de salvaje oleaje,
luna, nueva, menguante y llena.
Tus ojos, estrellas que purifican mi alma,
tu voz, música suave y melodiosa,
tu cuerpo, tus muslos,
volcán ardiente de pasiones.
La imagen, los dos desnudos, abrazados,
tu y yo fundidos en un solo ser,
ardiendo entre las llamas del placer,
presos en una tormenta de pasión.
Ahora estas dormida, relajada,
mar en calma y cielo estrellado,
te miro, te beso, te venero,
hermosa musa de mis delirios,
oda a la naturaleza, tu belleza.
Mujer, mística y misteriosa.
viernes, 10 de abril de 2009
Vida de perro
Otra vez lo vi con otra, otra vez paseó ante mis envidiosos ojos, ¿Cómo es posible que sea tan popular? ¿Qué le ven? ¿Cómo puede andar con una y con otra? Realmente no tiene nada, sin embargo todos en mi barrio lo aprecian a pesar de que se la pasa vagando de una calle a otra y en cada una de estas tiene una querida.
No tiene actividad alguna, no se preocupa por nada, si necesita comer, no falta quien lo invite, si necesita dormir, no falta quien le ofrezca su casa para descansar.
En ocasiones me pregunto, si yo tuviera esas necesidades, ¿Se apiadarían de mí? No lo creo, realmente es un tipo muy afortunado, él hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere y lo peor, todos los vecinos lo adoran y lo apoyan sin ver la calidad de sinvergüenza que es.
Pero hoy, hoy fue la última vez que lo vi y por primera vez, no sentí envidia hacia él. Paseaba por la calle, como normalmente solía hacer, sin embargo, esta vez no se fijó al atravesar la calle, un camión repartidor de refrescos le pasó las llantas por encima de su negro cuerpo, yo sólo lo escuche gritar, llorar y gemir de dolor, pero, sólo por poco tiempo, pereció, todos los vecinos lloraban su muerte, se conglomeraban a su alrededor e increpaban con insultos al irresponsable conductor del camión. A mi la verdad no me entristeció este hecho, tampoco me alegró, simplemente murió como muchos otros, arrollado por un camión, si, como muchos otros perros callejeros. Él permaneció ahí, tirado con los huesos rotos y la lengua de fuera, así murió “el negro” el perro favorito del vecindario, todas sus perritas parecían tristes y acongojadas por su muerte. Yo por primera vez no sentí envidia de él.
No tiene actividad alguna, no se preocupa por nada, si necesita comer, no falta quien lo invite, si necesita dormir, no falta quien le ofrezca su casa para descansar.
En ocasiones me pregunto, si yo tuviera esas necesidades, ¿Se apiadarían de mí? No lo creo, realmente es un tipo muy afortunado, él hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere y lo peor, todos los vecinos lo adoran y lo apoyan sin ver la calidad de sinvergüenza que es.
Pero hoy, hoy fue la última vez que lo vi y por primera vez, no sentí envidia hacia él. Paseaba por la calle, como normalmente solía hacer, sin embargo, esta vez no se fijó al atravesar la calle, un camión repartidor de refrescos le pasó las llantas por encima de su negro cuerpo, yo sólo lo escuche gritar, llorar y gemir de dolor, pero, sólo por poco tiempo, pereció, todos los vecinos lloraban su muerte, se conglomeraban a su alrededor e increpaban con insultos al irresponsable conductor del camión. A mi la verdad no me entristeció este hecho, tampoco me alegró, simplemente murió como muchos otros, arrollado por un camión, si, como muchos otros perros callejeros. Él permaneció ahí, tirado con los huesos rotos y la lengua de fuera, así murió “el negro” el perro favorito del vecindario, todas sus perritas parecían tristes y acongojadas por su muerte. Yo por primera vez no sentí envidia de él.
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